TÉ CON UN CISNE
Un sapo, un cisne, un té helado
antes de la lluvia anoche
cuando me desperté con fiebre
del sueño y corrí a la calle
para quitarme de tantas imágenes
de la isla lejana, de los trópicos
que me gritaban con lenguas
de pavo reales, con las risas
maliciosas de los monos
que buscaban
mis ojos azucarados
justo cuando escuchaba
el canto de los sapos
en el lago de enfrente donde
los elefantes solían bañarse
entre los cisnes y los flamencos…
sentado en el verandah
con un vaso de leche
y unas galletas en espera
del feroz sol de la mañana atrapado
en una película fina de polvo
por la cual a lo lejos los sapos
terminan su canto
del amanecer
y los flamencos duermen
y el ama de llaves
sale de la sala principal
con un tazón de hielo,
unas rebanadas de limón,
y vasos de té humeante.
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